Dentro de los grandes creadores del siglo XIX se evidencia una fuerte influencia con respecto al arte japonés, parece que los relatos del extremo del medio oriente llegados a occidente causaron fascinación y revuelo entre sus allegados, los grabados japoneses también causaron una fascinación tan extraordinaria que aún no ha logrado desaparecer de

la cultura occidental.

japonismo

Diversas escuelas de artistas desde el siglo XIX se vieron enriquecidas por el llamativo arte japonés  es por eso que el crítico de arte francés Philippe Burty fue el primero en emplear el término japonisme para definir ese gusto por lo nipón que fascinó a pintores como Manet, Degas, Monet, Toulouse–Lautrec y Gauguin.

Varios ejemplos muy claros se pueden encontrar en obras como:

“Japoniserie: Puente bajo la lluvia” (1887),Vincent Vna Gogh que reproduce magistralmente una xilografía de Hiroshige Utagawa.

vicent

Al llegar la cultura japonesa a Europa  afectó a todos los campos de las artes y el diseño, impulsó nuevas tendencias constructivas y, sobre todo, irrumpió como una revelación en el comienzo de la llamada pintura moderna de Edouard Manet y Edgar Degas, Van Gogh, Paul Gauguin y Henri de Toulouse–Lautrec, hasta Gustav Klimt y Egon Schiele pues era muy interésate la sensibilidad para captar el arabesco en lugar del volumen, la superficie pictórica autónoma en lugar del espacio ilusionista, el valor del punto y la línea, el color y el ritmo, en lugar del valor representativo; y ante todo la sensibilidad para reproducir los sentimientos expresivos en lugar de la imitación de la naturaleza. Los pintores europeos de la vanguardia encontraron aquello que tanto les preocupaba en una expresión artística madura representada por las cromoxilografías japonesas que aparecieron en Europa, y sobre todo en París, a partir de los años 60.

Durante el siglo XIX la pintura del medio oriente tomo un gran auge en Europa, por ejemplo en 1862 hubo una primera exposición en Londres con una gran colección de objetos japoneses como armaduras o retratos de personas importantes, artistas, ceramistas, pintores, escultores e ilustradores utilizaron grandes influencias del arte japonés, a grades rasgos el impacto de las costumbres en Japón sobre Europa fueron el resultado de su presencia en grandes exposiciones internacionales, incluyendo París en 1867, Viena en 1873 –la primera en que el nuevo régimen Meiji se presentó a sí mismo al resto del mundo– y París en 1900. Por esta época, el estilo japonés se había convertido en una de las principales fuentes del movimiento arquitectónico y decorativo francés “art nouveau”, algo particularmente evidente en el trabajo de Emile Gallé y Hector Guimard, entre otros.

 

A fines del siglo XIX,en España por ejemplo la ifluencia del arte oriental XIX y comienzos del XX, parece que entre los objetos artísticos llegados a Europa, los grabados japoneses se convirtieron en el objeto más apreciado y coleccionado por los literatos y artistas, debido a la curiosidad por una civilización diferente o por las técnicas o la temática distintos de la pintura occidental, parece que muchas personas se interesaron en el arte japonés pues existen varios ejemplos de obras, ya sean artísticas o literarias o de otras índoles que parecen estar influenciadas por obras japonesas; muchos pintores fueron atraídos por las decoraciones  de flores y de animales, a lo que añade: La moda de la temática floral y animalística refleja la influencia de los conceptos filosófico–religiosos del Extremo Oriente. Se trata del concepto de la naturaleza, la no jerarquización de sus elementos, contrariamente a la tradición del Humanismo occidental. El concepto, cercano al franciscanismo, nos descubre que el ser humano no es superior en dignidad al objeto, a las plantas, animales o a cualquier elemento de la naturaleza como una brizna de hierba.es interesante ver que en la tendencia del art nouveau, en este movimiento artístico los elementos de japonismo se enlazan. el arte japonés tubo gran acogida entre los países de Europa además por la adopción de la técnica del grabado,pues el gusto por los colores puros y planos vienen de técnicas de grabado japonesas, además de las trasparencias que se logran y el tradicional claro oscuro importante en la pintura occidental,la intención artística fue una aproximación al Japón “real” no estaba, ni mucho menos, en el talante de los artistas hacer copias exactas; más bien  optaban por escapar de la crisis de su tiempo completando una fantasía oriental inscrita en lo maravilloso. Como tal idealización, su obra recreaba muchas veces la iconografía mixta de la China Imperial y del Japón  potenciándose aún más esa mezcla de identidades nacionales entre el público no especializado.

Sería tan largo como improcedente insistir en la lista de autores europeos que siguieron el gusto por el japonismo. La proliferación en Francia y Gran Bretaña fue mayor gracias al superior intercambio comercial que mantuvieron estas naciones con el archipiélago nipón.

El japonismo entonces también se convierte en una moda pues empresarios como Siegfried Bing en París y Arthur Lasenby Liberty en Londres se encargaron de distribuir todo tipo de objetos de arte japoneses entre sus clientes, muchos de los cuales eran pintores y literatos de renombre. Entre ellos figuran el magistral James Abbott McNeill Whistler (1834-1903), entre cuyas muestras de japonismo destaca el cuadro “La princesse du pays de la Porcelaine”, y pintores en los que inculcó el gusto por lo nipón, caso de James Tissot, así como literatos decadentes tan destacados como Sois-Karl Huysmans, Fue precisamente este último quien alabó encendidamente la obra de otro pintor, Gustave Moreau, ejemplo de cómo se aunaron en el fin de siglo elementos de Extremo Oriente y de otras latitudes en el ámbito del simbolismo. Ese jardín de imágenes de Moreau no es, sin embargo, tan cercana al japonismo estético como algunas de las creaciones de otro influyente simbolista, tanto Gustav Klimt como Alphonse Mucha y otros artistas de fin de siglo serían un antecedente de gran relevancia en las creaciones de ilustradores e historietistas como Jeffrey Jones, Michael Kaluta, Barry Windsor–Smith y P. Craig Russell, surgidos en Europa y Estados Unidos a partir de los años 70 de este siglo.

En el caso del ruso Erté, nacido Romain de Tirtoff (1892–1989), descubrimos esa influencia del ilustrador británico en sus portadas para “Harper’s Bazaar”, pero sobre todo en sus figurines teatrales y cinematográficos, en los que también se advierte la fascinación por la exuberancia oriental que ya he analizado con anterioridad. Ese exotismo fantasioso y elegante se advierte en el vestuario que diseñó para un estreno de Maurice Chevalier y la Mistinguett en el parisino teatro Femina, “Les merveilles d’Orient” (1917), así como en los elaborados decorados y vestuarios del film Restless sex (1919), de Robert Z. Leonard.

erte

Igualmente orientalizantes son sus diseños para los populares “Scandals”, de George White (1922), y las Ziegfeld Follies (1923). Se trata de brillantes mixtificaciones art decó en las que el lujo sustituye a todo afán realista, integrando el figurinista en sus piezas motivos de Oriente y Occidente con total libertad creadora. Ese Erté que admira a Beardsley y recrea los ensueños exóticos de su tiempo es un muy significativo eslabón que enlaza el orientalismo decorativo del fin de siglo con el Oriente de opereta que Hollywood ofrecerá a sus audiencias en su primera etapa, como más adelante veremos;El trasvase de influjos que habrá de darse más tarde entre algunos artistas europeos y japoneses –véase el caso de Otomo y Moebius– apunta hacia un solapamiento constante de las formas y estilos de ambas latitudes, especialmente en determinado ámbito del cómic continental que está integrado por autores que son los herederos más modernos de Beardsley, Mucha y otros maestros del Art Nouveau.

http://japonismo-estilo.blogspot.com.co/

http://www.homines.com/arte/japonismo/index.htm

http://www.todacultura.com/movimientosartisticos/artnouveau.htm

https://www.educaixa.com/-/el-arte-japones-y-el-fenomeno-del-japonismo